martes, 9 de abril de 2013
El Agua que inunda todos los mares
La bruma de una luz en el techo,
el espejo que refleja una penumbra,
todo sueño reposado en mí,
toda la somnolencia en mis párpados,
la tibieza del mundo en tu pelo,
la Luna tímida no sale, no brilla por mí,
no más,
por eso la llamo así, entre líneas,
los niños la precisan para jugar en la plaza del amor,
y yo soy el mayor de los niños,
el que más la ama, entre todos.
Mis dedos caen, besando las letras,
una voz que habla, entre melodías,
ninguna nube puede ocultarla, nunca podrán,
y si se hace de día y no la he visto,
esperaré, siempre esperaré hasta verla devuelta,
mi vida sin ella es un metal sin pulir,
necesito su bruñida mejilla para ser una flor,
mi alma la llama entre dientes, entre besos acalorados,
mi dama de plata, moneda española astral.
La ventana es la estación del tren,
y la brisa ferroviaria me dice: "Ven, aquí está ella,
yo te llevaré a donde los cráteres son agua cristalina,
donde la plata fluye en respiraciones agitadas.
Ven, aquí está tu dama, siéntate en su regazo,
sumérgete en el légamo de su amor eterno,
en ella, en su vientre, busca el germen plateado.
Esta es la orilla del río circular, el que se toca el hombro,
[el que baña a todos los ríos,
el agua que inunda todos los mares,
ella es el resplandor en la laguna más recóndita.
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