viernes, 29 de marzo de 2013

El Fénix


La sustancia que nos rodea es de fénix,
condenada a revivir siempre, eternamente,
y lo que revive infinitas veces es inmortal,
y lo inmortal muere infinitas veces,
llora infinitas lágrimas de penar eterno,
su elixir es su condena, su vida eterna.

El fénix llora, llora y llena mares de llanto.
El fénix vive, y ve a las estrellas morir.
El fénix ama, metamorfosis de un odio.
El fénix muere, naciendo infinitas veces.
El fénix no es él, es cenizas en un reloj de arena.

El círculo en su frente gira y gira, siempre,
la luz en sus ojos muere y convulsiona,
su carne es blanda y marmórea, infinita,
sus labios se tornan en fauces bermejas,
su caminar se hace lento, como de árbol,
su árbol es luminoso, como la llama del incendio.

Llama al fénix que acudirá con su tiempo,
llama al viento y vendrá, algún día, vendrá,
porque en su piel está marcada su visita, cada visita,
en su piel estamos marcados, eternamente,
las marcas se superponen, como la hojas muertas,
y en su grito escucho mi voz, y el viento resoplar.

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