Que luchas con las garras sobrevolando sombras,
entre los rayos batallas con el viento,
y tus alas no fueron hechas para este mundo,
este encuentro no es el que la luz ha querido,
este encuentro no es el que el río grita.
Te elevas y alguien te tira de aquí,
alguien te agarra de los pies hacia abajo,
estás condenada a volar y no tocar tierra,
estás liberada a volar y no tocar tierra,
estás condenada en tu libertad.
Como una sombra sobrevuelas,
el apaciguado cielo, mis apaciguados ojos,
todo aquello que hay por sobre mí,
lo conoces, y creo que también mi pecho,
me regodeo en tu condena aérea.
Águila, reina sobre todo, reina,
sobre el celeste resplandor, extiéndete,
eres el alma de algún Dios caído,
que ahora intenta volver a su Olimpo,
mientras surcas los vientos sagrados.

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