jueves, 20 de septiembre de 2012

Mi poesía


No quiero jalarte desde mi mente,
y tornarte banal querida,
pero tengo tanto para decir,
tanto en qué pensar.

¿Cómo hablar de tu desencuentro,
si no lo he visto llegar?
No puedo hablar de tus pies tibios,
pues no me pertenecen;
tan solo puedo hablar de lo que dices,
de tus miles de lenguas y vocablos,
hablaré, sí, de tu querer diáfano,
inocente brindas tus prodigiosos dones,
al enamrañado que te busca en tu sopor,
en tus noches largas y calamitosas,
y en tus albas más brillantes.

Eres mía y así te siento,
entre mis dedos temblorosos de penar,
inmiscuída en mis labios vacilantes;
Eres tan mía mi amor,
aunque ya mil dedos te han acariciado,
aunque infinitos soles se han apagado,
tantos hombres te buscan, tantos,
que hoy yo te encuentro aquí,
reposada sobre mí, hablándome.

Te irás,
lo sabré en mis huesos,
lo sabré cuando caiga la noche,
o cuando mi puño deje de escribir,
cuando deletree tu nombre sobre ésto,
y te vea vagando entre las calles.

No hay comentarios:

Publicar un comentario