Señor, señora
argentina, salga a la calle, proteste, grite y haga ruido, que así encontrará
justicia y paz social. Aúlle, que reverberen sus voces entre las calles en las
que antes corrieron riadas de sangre, sudor y lágrimas verdaderas. ¡Proteste!
Vamos proteste, que las puertas del paraíso se abren frente a un golpe
incesante de cacerolas y vociferaciones en idiomas que mejor no entender.
Invada las calles
que cuanto más barato es que cultivar su mente, y la de sus hijos ; inunde cada
rincón de las plazas con sus pancartas, que es mucho más eficaz que ver a los
verdaderos culpables del sistema que día a día corrompe a la sociedad de la que
nos toca ser participes ; vocifere, grite, escupa, llore, desángrese en alguna
calle olvidada por las luces y los autos, que mientras usted lo hace, detrás
suyo el planeta colapsa bajo el yugo de empresas que extraen hasta la última
gota de energía del suelo. Hágalo, que mientras sus cuerdas vocales vibran
hasta doler y reventarse, un pueblo de cumbres es sometido a la mayor deshonra
posible, perder su tierra y con ella, su identidad.
Quédese tranquilo
buen ciudadano, que no hay motivo para levantar su cabeza y ver más allá de su
ombligo. No hay razón para perder el equilibrio, no hay una causa que amerite
dejar de gritar para quizás (y en tan solo en un remoto y lejano quizás) mirar
hacia los costados, hacia atrás, o hacia abajo, hacia los niños que mueren de
hambre mientras una manada de indigentes mentales (sin ánimo de ofender a los
indigentes) pide a gritos por un trozo más del gran pastel que las empresas
multinacionales y las grandes potencias dejan de regalo a los países de
Latinoamérica en “forma de pago” por las atrocidades que cometen en nuestros
suelos.
¡El eterno
problema argento, la falta de memoria! (y nunca más bien usado el término, todo
girando en derredor de la “plata”) ¿Cuándo dejaremos de lado todas esas
inútiles, absurdas, anticuadas y vomitivas antinomias que separan nuestras
manos y codos para combatir contra el real enemigo? ¿Cuándo aceptaremos definitivamente
a nuestra tierra, cuando la amaremos sin condicionamientos externos? ¿Cuándo
tomaremos los libros en vez de las cacerolas, cuándo escogeremos la escuela a
las armas, cuándo acribillaremos a verdades los asesinos de futuros contra el
paredón de la Justicia?
Hoy en esta noche
de gritos, y ruido que aturde sin cesar mis oídos, en esta noche que no
presenta sopor alguno para mis sentidos y en lugar de eso los despierta hasta
el punto de mantenerme alerta (¿Alerta de qué?), en esta noche exhorto a todos
a ser más Humanos, a ser más Hermanos, a ser más libres (no para hacer lo que
queramos, sino para hacer lo debido) ;quiero ser un murmullo en el viento que
se inmiscuye entre los pensamientos de la gente para propagar la hermandad
entre los pueblos, entre los sometidos, entre los vagabundos en su tierra,
entre todo aquel que quiera ver el mañana sin banderas que sean armas para
luchar contra los que deberían ser receptores de nuestros más fraternales
abrazos.
¿O es que tal vez
es demasiado tarde para salvar (nos) a esta sociedad? No lo sé, tan solo espero
que no sea así, tan solo espero…
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