jueves, 13 de septiembre de 2012

Señor, señora: grite, patee y proteste


Señor, señora argentina, salga a la calle, proteste, grite y haga ruido, que así encontrará justicia y paz social. Aúlle, que reverberen sus voces entre las calles en las que antes corrieron riadas de sangre, sudor y lágrimas verdaderas. ¡Proteste! Vamos proteste, que las puertas del paraíso se abren frente a un golpe incesante de cacerolas y vociferaciones en idiomas que mejor no entender.
Invada las calles que cuanto más barato es que cultivar su mente, y la de sus hijos ; inunde cada rincón de las plazas con sus pancartas, que es mucho más eficaz que ver a los verdaderos culpables del sistema que día a día corrompe a la sociedad de la que nos toca ser participes ; vocifere, grite, escupa, llore, desángrese en alguna calle olvidada por las luces y los autos, que mientras usted lo hace, detrás suyo el planeta colapsa bajo el yugo de empresas que extraen hasta la última gota de energía del suelo. Hágalo, que mientras sus cuerdas vocales vibran hasta doler y reventarse, un pueblo de cumbres es sometido a la mayor deshonra posible, perder su tierra y con ella, su identidad.
Quédese tranquilo buen ciudadano, que no hay motivo para levantar su cabeza y ver más allá de su ombligo. No hay razón para perder el equilibrio, no hay una causa que amerite dejar de gritar para quizás (y en tan solo en un remoto y lejano quizás) mirar hacia los costados, hacia atrás, o hacia abajo, hacia los niños que mueren de hambre mientras una manada de indigentes mentales (sin ánimo de ofender a los indigentes) pide a gritos por un trozo más del gran pastel que las empresas multinacionales y las grandes potencias dejan de regalo a los países de Latinoamérica en “forma de pago” por las atrocidades que cometen en nuestros suelos.
¡El eterno problema argento, la falta de memoria! (y nunca más bien usado el término, todo girando en derredor de la “plata”) ¿Cuándo dejaremos de lado todas esas inútiles, absurdas, anticuadas y vomitivas antinomias que separan nuestras manos y codos para combatir contra el real enemigo? ¿Cuándo aceptaremos definitivamente a nuestra tierra, cuando la amaremos sin condicionamientos externos? ¿Cuándo tomaremos los libros en vez de las cacerolas, cuándo escogeremos la escuela a las armas, cuándo acribillaremos a verdades los asesinos de futuros contra el paredón de la Justicia?
Hoy en esta noche de gritos, y ruido que aturde sin cesar mis oídos, en esta noche que no presenta sopor alguno para mis sentidos y en lugar de eso los despierta hasta el punto de mantenerme alerta (¿Alerta de qué?), en esta noche exhorto a todos a ser más Humanos, a ser más Hermanos, a ser más libres (no para hacer lo que queramos, sino para hacer lo debido) ;quiero ser un murmullo en el viento que se inmiscuye entre los pensamientos de la gente para propagar la hermandad entre los pueblos, entre los sometidos, entre los vagabundos en su tierra, entre todo aquel que quiera ver el mañana sin banderas que sean armas para luchar contra los que deberían ser receptores de nuestros más fraternales abrazos.
¿O es que tal vez es demasiado tarde para salvar (nos) a esta sociedad? No lo sé, tan solo espero que no sea así, tan solo espero…

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