lunes, 20 de agosto de 2012

Ciudad, "gracias" por todo

Vivimos en un mundo que atenta constantemente contra la creatividad. Fuerte declaración, y fuerte realidad. Fuerte tan fuerte como los golpes que asesta este mundo contra las fuentes que intentan brindarle al hombre una ventana nueva para observar, para escaparse de una realidad gris que lo rodea desde todos los flancos y no lo deja escapar.
Miro y miro esta ciudad y todo es tan opaco, tan falto de alma, está todo sumergido en un vapor pérfido, somnífero, estamos sumergidos en un vahído constante que nos bloquea la visión, que nos tapona los sentidos al punto de no sentir nada que pueda conmovernos, que pueda movilizar alguna fibra sensible de nuestro Ser íntimo.
Miro y miro esta ciudad, creadora de falsos ídolos, tan falsos como los colores que portan las mujeres en sus mejillas, esta ciudad, banal como los abalorios que penden de las paredes y los techos, una ciudad que grita incesablemente, pero que no dice nada, que aturde los oídos y al irse, los deja vacíos de contenido. Esta ciudad que amo, pero que el amarla es una pena que consiento, aunque duela y lacere mi piel, aunque ardan mis ojos y mi lengua se torne metálica, aunque mis dedos se tornen ásperos como el asfalto y así la amo, y aquí nací y aquí moriré, como la noche y el día, como los amores y los odios.
Ciudad mía, eres tan agobiante, eres tan histriónica que tus hijos mueren en tus brazos ; ciudad de paredes sofocantes, eres tan fría y pálida que te escribo para que resucites de entre tus ruinas y brilles ; ciudad, metrópoli natal, humeas sin incendiarte, y te inundas sin pudrirte, aunque todos sabemos que tus cimientos ya son polvo, como los huesos al viento asolador. 
Mientras escribo todo ésto me rodean tantas cosas, que me olvido de mí, me rodeo de tanta ciudad y tanto presente futurista, estoy tan sumergido en este lodazal, que mis pies y mis manos ya son lodo, estoy hasta los hombros tapado de hombres, estoy bañado en luz que no es luz, y en piel que no es piel, y me desvanezco cuando callan las calles, me esfumo junto con la bruma del suburbio. Soy como los barcos que despachas ciudad, soy tu amante porque el Sol no te embellece más, soy tu hijo porque los retoños en los canteros se niegan a darse en sacrificio, soy tu protegido, ciudad, gracias por brindarme tanto, gracias por construir en mí al futuro buen ciudadano, gracias por asfaltar mis pulmones, gracias por llenar de brea mi lengua y asfixiar mi creatividad; ¡Oh, esta eterna y dulce mediocridad! Gracias ciudad, todos te rendimos culto y homenaje, todos escribimos dichos y versos en tus paredes para adornarte, todos competimos por recorrerte, y en ese recorrido perdemos nuestros pies, y nos sentamos en una plaza a ver volar a las aves lejos de aquí y sí...vuelan. Hundimos nuestra cara en nuestras manos y resoplamos, nos revolvemos el pelo y nos sacudimos de tí Ciudad, oprimimos nuestro Ser contra todo y todos, nos armamos de aire y viento y caminamos, callados, en silencio, adormecidos para no sentir...


¿Quién mueve al tren,
y quién absorbe sus vapores?

No tolero más a esta gente,
son tan grises,
son tan como este cielo,
como esta calle maldita.
Ya consumí mi día en esa luz,
necesito explotar, basta,
que mis esquirlas los impacten.

Que esta pared de sonido,
que este muro de ruido,
rompa todo esto que brilla,
no puedo verme más en el cielo,
tan gris y vacío como este vidrio.
Quiero estallar en gritos,
romper barrotes de mediocridad.

Explotar,
y nada más.

Estoy tan inmerso,
que no hago más que ver,
todo está tan inmerso en mí,
que no hace más que hablarme,
tanto,
que se me hunde el pecho,
pero esta ciudad lo llena,
insufla gas pérfido en mis venas,
y este infierno ya cesó,
o quizás cauterizó las heridas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario