domingo, 12 de agosto de 2012
Ciudad de hollín y penar
Todo es tan rápido en esta ciudad,
y las penas pasan tan lento,
entre cada luz me pierdo, y pienso,
pienso en ese amor que fue,
cada beso que perdí entre los dedos,
cada caricia que hay en el aire,
y todas esquivan mi fría piel.
Es esta la ciudad que amo, sí,
aunque ella me odie y no me cuide,
es un amor no correspondido,
son sus calles mis venas,
de hollín y humo me armo, y ando,
camino tanto tus calles que soy tú,
y en tu rostro de cemento lloro,
mientras me acuerdo de ella.
Tantas caras de penar en la espalda,
y una música silbándome al oído,
luces y tan solo luces iluminan el camino,
el fantasma recorre las calles, y las ama,
extraña carcel, la de amar sin manos,
sin labios, sin piel, sin ojos, sin amada.
Y entre la brea y la piedra me fundo,
remonto vuelo desde mi balcón,
te recorro toda, insondeable,
vuelo tanto que toco la luna, y me saluda,
bajo y bajo, lento como el as de luz,
hasta tu ventana para verte divagar,
para ver a tus ojos reposar, así, inmóvil,
en tu lecho de rosas, y amor que has de olvidar.
Toda gota me mira en su caer furtivo,
y yo me veo en ella, como en tí,
aunque la rosa ame a su espina,
aunque ame estas heridas de penar,
ellas sangran, y no pararán de sangrar,
y me fundo en un aplauso interminable,
y entre las luces y las sombras está ella,
camino extasiado hasta su lecho y la veo,
le beso la frente aún tibia de pensar,
rozo su hombro y cada segundo me desvanezco,
soy aire, y escapo por la ventana,
ya soy cielo, y en cada lluvia te he de besar.
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