Camino con paso rápido,
casi vuelo, casi me elevo,
pero la tierra me atrae hacia sí,
es como un imán de verde luminiscencia.
El Sol lanza señales, llamadas,
para despertar a las sombras entre los árboles.
Y se refleja mi alma en el espejo,
que se mueve y ondula.
Se incendia el horizonte,
se incendia y las nubes corren a apagarlo,
y en su camino lloran de melancolía,
lloran tanto que pierden su forma,
se difuminan en el aire y ahora ya son fuego.
Blancas y perennes son las aves de este cielo.
Me pierdo entre hoja y hoja,
entre río y arroyo.
No sé que tan real sea este espejo,
si me devuelve lágrimas de sal.
El fuego emprendió viaje ya,
hacia otros cielos, que no son los míos,
incendiarán otros ojos, creará colores,
fulminará a los días y narrará historias,
de espejos, de verdor e infinitud.
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