Me siento en el rayo para ver,
las corolas somnolientas partir,
hacia algún horizonte móvil,
un horizonte manejado por un hombre,
buscando pistas que me encuentren,
en la inmensidad de mi mente.
Buscando en tí al hombre que siente,
que expía penas con bocanadas de humo,
que le da su hálito a las cosas,
que sus dedos tocan y le mienten,
el que ve con los ojos cristalinos de la mente,
que se baja del horizonte.
No existe hombre sin padre,
pero hemos de aprender a ser, solos,
vamos, que el humo nos espera consumiendose,
como las vidas en los dedos de tanto vivir,
como el amor que se echa a perder de tanto amar,
como el padre sin madre que lo amamante.
En este mundo de cuerdas he de vivir,
siendo viento entre las manos,
escapando de las mortajas de las sombras,
librando mi corola al aire de la mañana,
con el ruido del fuego hermano,
con él he de aprender a vivir aquí.
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