Los sordos en aquél andén,
no escuchan más de lo que ven,
y tus ojos de color miel,
nunca me podrán ver.
Los árboles muestran lo que no ves,
y los cielos no dejan de caer,
los ángeles caen en tu sien.
Cada hombre tira de su piolín,
cada rey asesina a su alfil.
Pobre el demente que muere de pena,
por ver figuras danzando en la arena,
por que nacio para ver lo invisible.
Porque con sus manos toca lo intangible.
Eso que muere es tu alma que sangra,
lo que te asesina es tu arma,
tu rosa muere de tristeza en mis manos,
como tus sueños, partidos en dos.
¿Y qué hace Dios detrás del mostrador?
¿Qué hacen mis lágrimas cayendo por vos?
No sé que haré mañana por la mañana, no sé,
quizás ya no hay más sordos, y ahora pueden ver.
No hay comentarios:
Publicar un comentario