A veces me pongo a pensar, o me doy cuenta mientras camino por la calle o ando en colectivo, lo que es la sociedad, y como ésta interactúa con sus integrantes (nosotros mismos).Como la sociedad recibe, y nosotros pensamos que da, pero en el fondo, muy en el fondo, tras la humareda de visiones y espejismos que siempre se interponen entre nosotros y la verdad, la sociedad no nos da nada, y mucho menos regala.
La sociedad nunca nos va a regalar nada, y nunca nos va a dar nada útil, conseguir cosas útiles depende de nosotros y de nuestra inventiva y creatividad.De nosotros depende no consumir lo que nos vende la sociedad, porque ese paquete colorido y adornado, en su interior no contiene nada más que idiotez y vacío, tanto moral, como intelectual.
La sociedad, es una picadora de carne, la cual obtiene materia prima (personas) con una forma determinada, cada pieza única e irrepetible, y lo convierte en una pieza uniforme, sin variaciones, todas las piezas iguales en tamaño, en contenido y utilidad para las labores.
Para presentar una analogía, no muy alegre que digamos, la sociedad vendría a ser como un sistema digestivo masivo e irrefrenable, un sistema digestivo al cual nadie se le escapa.El sistema digestivo (Sociedad), recibe, recibe, siempre recibe, arranca y cercena lo que le sirve de lo que obtiene, y luego expulsa lo que no le sirve, desecha lo que para él, es inútil, lo que no concuerda con sus parámetros o estándares normales y correctos.A su vez, ¿estos parámetros están fijados por quién?, nadie lo sabe, y nadie nunca lo sabrá.
Como una suerte de “transformación inexorable”, aunque no queramos ,aunque pensemos que nuestro intelecto nos deja escapar de esta máquina demoníaca de la sociedad, aunque nuestro egocentrismo nos haga pensar que por momentos nos situamos por fuera de las murallas de las ciudades y sentirnos libres de toda atadura cultura, religiosa, moral, ética, económica, etc.NUNCA, estamos fuera de ese cerco que nos plantea la sociedad, nunca podemos escapar totalmente de los preceptos y pretextos de la sociedad moderna, con sus prejuicios, con sus ideas formadas y estereotipos anticuados, o sus ansias irrefrenables de progreso, tanto tecnológico como cultural.
Pero me parece hipócrita plantear la existencia de un “ente” , ficticio, sin cara, ni nombre ni apellido, sin motivaciones ni sentimientos, que se llame “Sociedad”, y obviar el hecho de que esta sociedad está compuesta por nosotros, por la gente, por cada ser humano que vive, respira y piensa, dentro de un grupo de personas.Me parece hipócrita el hecho de endilgar culpas a “La Sociedad”, sin darnos cuenta de que esa sociedad que criticamos y bastardeamos sin pensar antes, es en parte, nosotros mismos, y las acciones que realiza esa sociedad, son nuestras propias acciones, diarias y continúas.
En cada uno de nosotros, existe una pequeña picadora de carne, usando a las personas, obteniendo de ellas algo único y tratando de modificarlo a nuestro gusto y placer.En cada uno de nosotros, conviven las ganas y deseos irrefrenables de ser únicos y diferenciarnos, y también ese sistema digestivo que agarra a las personas y saca de ellas lo que nos es útil para nuestras tristes y grises vidas.No es ético, extirpar de nuestras mentes las culpas y dolores de conciencia, y ponérselas cual maldición a una sociedad, sacando de nuestro cuerpo toda responsabilidad de los males que pasan en la actualidad, sacando de nosotros la culpa de que cada día, estos mismos, sean más pesados y agotadores, de que cada día, el trabajo o el estudio agobie más a las personas y que las vidas de éstas, queden reducidas a un trajín diario, sin expectativas ni esperanzas de algo mejor, de un futuro venidero con posibilidades infinitas, como realmente lo es.
Las personas somos egocéntricas, nos creemos que estamos fuera de un pensamiento colectivo, que nos lleva a pensar como la mayoría y seguir a alguien, o a “alguienes”.Pensamos (si es que todavía pensamos), que nadie dirige nuestras vidas, que no existen titiriteros que nos mueven cual marionetas, no nos damos cuenta, que caminos sin parar hacia un sinfín, damos nuestras vidas por un sin sentido, el cual al fin del día, nos deja un mal sabor de boca que no sabemos como explicar.
Pero al final de cada túnel, existe una luz que siempre brilla, y que siempre brillará.Siempre existe en nosotros, un atisbo de libertad, de individualidad, un rincón recóndito que nadie ni nada podrá expropiarnos jamás, aunque estemos atados de pies y manos, con la boca sellada y los ojos vendados, esa luz al fin del túnel, ese pensamiento libre que vaga por nuestras mentes, permanecerá ahí, para combatir lo monótono, para transformar lo igual, en diferente y para transformar lo idéntico, en diversidad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario