miércoles, 28 de septiembre de 2011

El tiempo y los cambios

Considero a una sola cosa como invencible e irrefrenable, el tiempo.Nada puede parar al tiempo, hasta la luz puede ser vencida por un agujero negro, pero el tiempo es imposible de detener, no tiene un enemigo natural, o quizás, todo es el enemigo del tiempo, ya que el tiempo poco a poco cambia las cosas, destruye, crea, transforma.
Y es así que se forma la vida, y la muerte, con los cambios, sucesos aleatorios que hacen variar a las cosas, transformándolas, convirtiéndolas en otras que antes no eran, convirtiendo lo que son en Acto, para pasar a ser lo que antes sólo eran en potencia (tomando las palabras de Aristóteles).
Siguiendo esta teoría aristotélica, todo tiene una forma y una materia, todo está constituido por algo, y ese algo tiene una forma, una esencia que la hace ser lo que es, y no otra cosa. El tiempo no puede destruir la materia, solamente puede cambiarlas,  solamente puede generar una metamorfosis en la esencia de las cosas, transformando el bosque en desierto, el vacio en un todo inexorable, el amor en odio, la luz en oscuridad.
El tiempo es como las hormigas, lento pero seguro, segundo a segundo trazando el futuro, dejando atrás millones de futuros y transformándolos en pasados.Si pensamos con claridad y lógica, el futuro es lo que está por delante del ahora, cada segundo por delante es un futuro, y cada segundo por detrás es un pasado.Esto ejemplifica magistralmente el poder del tiempo, transformar en un solo segundo, al futuro, en presente y luego, en pasado.Al tiempo no le importa lo que pase en ese lapso minúsculo de tiempo, al él solamente le importa seguir su rumbo, seguir hacia delante, como un tren de carga que nada lo detiene.
Y así cambian las cosas, segundo a segundo, instante a instante, día a día, año a año, y así sucesivamente, cada segundo somos más viejos, cada segundo todo deja de ser nuevo para convertirse en viejo.
Los hombres no estamos exentos de sufrir los cambios, nosotros ni nada de lo que nos rodea,  nuestros sentimientos, nuestros bienes materiales, nuestro cuerpo mismo, cambian todo el tiempo.
Dicen que el tiempo es oro, pero no me parece.El tiempo es más que el oro, muchísimo más que el oro¿Qué bien más preciado que el tiempo?, tanta demanda y tan poca oferta¿Cuántas personas imploran por más tiempo, desean tener un día más, un año más, un segundo más.Pero esas súplicas nunca son escuchadas, porque no hay nadie que dirija al tiempo, no hay nadie que tenga al tiempo comprado, ni Dios mismo.Si es que hay un ser divino, éste teme del tiempo, por eso todos los dioses son atemporales, están por fuera del tiempo.
Todo cambia aunque no queramos, todo está sujeto al primogénito del tiempo, mientras que haya tiempo, habrá cambios.Mientras que el tiempo sea libre, habrá cambios, mientras que exista ALGO, habrá un TIEMPO en el cual, ese algo sufrirá cambios.
Los hombres somos expertos en sufrir cambios y generarlos, y especialmente, tratar de evadirlos.Es que está en la naturaleza del hombre trascender, en otras palabras, traspasar lo que vemos, lo que está marcado como imposible, superar las barreras que Dios o la naturaleza le puso.Y nosotros los hombres, no aceptamos el hecho de que es imposible escapar de los cambios, nunca NADA, será igual por siempre, aunque nos pese o aunque nos alegre.Aunque transitemos siempre el mismo camino, por toda nuestra vida, ese camino nunca será el mismo que fue el día anterior, nunca será el mismo que fue hace un segundo y no será el mismo dentro de un segundo tampoco.
Puede ser que algunos cambios no se noten, que sean imperceptibles, pero lo son hasta que todo se desmorona.Una montaña puede mantenerse en pie durante millones de años, hasta que en algún momento su aparente atemporalidad se destruye, y cae.
Todo está sujeto al tiempo, hasta el destino, si es que existe algo así, y de existirlo, los cambios serían sus armas.El hombre evoluciona, vive, muere, llorar y ríe, por los cambios.Si todo se mantuviese igual, si nada cambiase y estuviésemos inmersos en una suerte de realidad con aires de formol, la vida no sería posible, no habría oportunidades de extirpar de nuestras vidas lo que nos molesta y agobia, ni incorporar nuevas cosas que nos alegran y fortalecen.Cada hora, cada segundo sería igual al anterior,y sus hermanos venideros también.Estaríamos sumergidos en una vida imposible de vivir, no habría estaciones, no habría día ni noche, no habría ni risa ni llanto.La NADA, se mantendría vacía por siempre, y el TODO acapararía el total de lo existente.El amor así se mantendría, el odio sería eterno, y no existiría la muerte, pero, tampoco la nueva vida.
Los cambios son los jueces imparciales del destino, solo suceden, aleatoriamente, cambiando las cosas, valga la redundancia, transformando continuamente todo, surcando el tiempo barajando las cartas y dándolas de nuevo, moviendo a los jugadores de lugar y hasta cambiando el juego que se está jugando.Es imposible ir contra los cambios, porque si así lo hiciéramos, nos transformaríamos en un cambio en nosotros mismos.No existe el no-cambio, la eternidad es un invento, nada es eterno, ni nada nunca lo será, sólo el tiempo.Las montañas caerán, los ríos se secaran, los amantes se odiarán a muerte y los enemigos estrecharán sus manos, pero el tiempo, seguirá corriendo, segundo tras segundo, minuto tras minuto, hora tras hora…


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