viernes, 28 de diciembre de 2012
Mortualis convivium
Lástima, lastima los ojos el Sol centelleante,
árboles resecos, resecos como el suelo,
poco queda ya de la antigua y tupida foresta,
poco queda ya, en algún lugar será cabaña,
o mesa, o ataúd para los pérfidos hombres.
Lastiman los pies las hierbas salvajes, son dagas,
en su ponzoñoso lecho atacan al desprevenido,
como el animal al acecho de una presa débil,
como el amor al espíritu solitario en la noche,
entre los faros y los puertos desiertos, el amor ataca.
Hoy no se regodean ya los gusanos impíos,
ni coquetean las ciénagas con el cuerpo inerte,
los blancos pómulos son estandartes de respeto,
no sé qué tendrá este de distinto al resto, a nosotros,
será su cabello cobrizo o sus dientes de marfil,
los que enternecen a la muerte, los que ahuyentan,
a los nauseabundos olores de la podredumbre.
El Sol cae, como la guillotina sobre los reyes,
cae sentenciando al día a horas de sombrío yugo,
ilumina poco a poco el horizonte y vomita su rendición,
los gusanos florecen como los nardos, o mejor como la,
[cicuta
nos carcomen, nos besan, forman canales en nuestra carne,
pero no tocan mi conciencia, por eso te escribo esto, espíritu que lee.
Se cierne una niebla trémula, que posa su boca lentamente,
sus brazos son largos, kilómetros de espesura en su piel,
es insondable, como el acero de la guillotina, frío y mortal,
ataca despacio, como la gangrena, y ocupa el Sol, el bosque,
los gusanos buscan un lugar para protegerse, nosotros,
y en nuestra carne pútrida se inmiscuyen los fluidos ajenos.
Esta niebla se viste de gala, forja su festín en inacabables rincones,
ataca como el ladrón al ostentoso, al elocuente charlatán,
la niebla colma todo por aquí, caen los bustos y las estatuas,
los animales del bosque vecino contemplan, extasiados, la función,
acércate niebla y libera al aire, llénalo de tu vigorosa presencia,
que caigan las flores irrisorias, los murmullos burgueses, los gusanos.
Ya no hay niebla, florece el día, florecen los muertos,
el pantanal deja ver su corazón, su podrida estructura,
el intocable fue llevado por la niebla, por los desarmados,
el oro que recubría su ataúd ahora flota en la ciénaga,
sus brazos fueron hasta Anatolia, sus ojos a Sudán,
su miembro ahora es carroña, el mortuorio festín;
cuando la guillotina caiga no habrá niebla, ni ciegos,
los banquetes serán sangre y tierra, las raíces hablarán,
todo esta podredumbre, la ciénaga y el pantanal,
el lodo de la mente, la burguesa vida arderá en gritos,
los reyes, los intocables, los de pómulos blancos,
la niebla con antorchas se avecina, desde dentro.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario