martes, 25 de diciembre de 2012

La Otra Noche


Hay una noche más profunda que esta,
hay una noche que con su canto mata,
que con sus labios ensombrece al día,
y entre sus dagas y su manto duermo,
me escondo de los hombres, del sonido,
en la realidad amorfa de su piel sueño,
en los colores dinámicos de su alma,
en las estrepitosas caídas matutinas.

Hay una noche, sí, una noche distinta,
una oscura sustancia en la bóveda,
insectos infernales crepitan en las calles,
sombras siguen a la gente, la acorralan,
los escarabajos elevándose por sobre mí,
serpientes reptan y las miro, absorto,
serpientes de todos los colores conocidos,
me meto entre ellas, en su trampa fría,
en su cueva de mentiras, de realidades.

Hay una noche en mi alma, y en todas,
hay una noche más noche que ella misma,
hay una en cada día, en cada estrella,
hay noche en cada sombra, en cada persona,
vivo en una noche permanente, atemporal,
soy como la arena de un reloj, moviéndose,
siempre moviéndome, marcando el tiempo,
en el mismo espacio inerte e infinito, movimiento,
hay una noche, hay tantas noches, lo sé.

Es ella, la dama de negro, de luto, de sombras,
la que porta la espada de infinito filo sombrío,
esa que corta lentamente el día, lo desmiembra,
y con la otra mano pone a la luna allí, donde corre el viento,
la sangre del día cae, gota a gota en el cielo,
aparece la Dama victoriosa tras las espaldas,
aparece y su espada yace sepultada, por unas horas,
sepultada la luz, sepultadas las risas, reina la Dama,
plebeyos en la cama, ideas condensadas, fluyen.

El río calla para no morir, para no secar,
reseca su boca por el silencio de la otra
                                                  [noche,
reseco el cielo por la sangre derramada, pobre cielo,
las calles son ahora desiertos plomizos,
los vientos son ahora murmullos en los árboles,
los niños jugando son tan solo ahora sueños,
todo lo soñado ahora es realidad,
los adoquines suspiran y se relajan, duermen,
como el cielo, que desmembrado resopla de hastío.

Este es mi cielo, sé que allá tu cielo es así, o amarillo,
mi cielo vomita insectos y sombras, es una cripta,
tu cielo quizás sea una fogata, o un retoño de llamarada,
la Dama que hoy pasa por aquí mañana caerá en tu alma,
tu cielo mañana será el mío, y el mío adornara tu ventana,
es inútil niña que decores tu cuarto y tu pelo con tiras de colores,
la noche es noche, y esta tan distinta terminará también,
el velo de la Dama se incendia, y los girasoles lentamente giran.

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