sábado, 26 de noviembre de 2011

No intentes entender a los demás


Cuantas veces intentamos comprender a los demás, con resultados nefastos intentamos entender lo que las otras personas sienten para así hacer lo correcto, actuar de una manera adecuada, pero al fin y al cabo todo es en vano, todo siempre se diluye en un mar de malentendidos e inexplicables cuestiones que serían muy difíciles de explicar ya que son casi imposibles de comprender desde un punto de vista lógico o al menos, racional.
Desde mi humilde punto de vista lo mejor que puede hacer una persona para evitar las peleas con otras, o malentendidos, sufrimientos, malestares, tristezas, o cualquier tipo de aspecto que pudiera serle molesto, es entenderse a sí mismo primero.Es un acto ilógico querer entender a otra persona para luego entendernos a nosotros,es considerar que la única manera de entendernos se encuentra en otra persona, que solamente estaremos completos al entender a la otra persona y estar bien con esa persona, y eso, para mí, es un error.
Todo lo que una persona necesita está en sí misma, no necesita de nadie más para ser completo, al estar completo, todo lo demás viene solo: las alegrías, la experiencia, el amor, la sabiduría etc.Es en vano comprender a los demás, si no tenemos una base propia sólida con la cual entender y procesar lo que “creemos” conocer de la otra persona, porque al fin y al cabo es así, solo CREEMOS comprender a las otras personas, nunca terminas de saber todo de ellas, porque justamente, no somos nosotros mismos.
Y creo también que nunca terminamos de comprendernos a nosotros mismos, hay cosas nuestras que ni siquiera nosotros sabremos algún día, escondidas en lo más recóndito de nuestros seres, de nuestros espíritus insondables, alojados en lugares inexorables para la razón, que de vez en cuando afloran y son lo que verdaderamente nos definen como seres humanos y nos hacen únicos entre una multitud de personas que a la vez, podrían verse muy parecidas a nosotros.
Creo más redituable entregar nuestras vidas enteras a la comprensión propia, que desperdiciar valioso tiempo intentando comprender a otra persona, cuando podríamos estar afinando nuestro complejo mecanismo personal, porque, si no nos conocemos a nosotros mismos, en NADA podremos ayudar a los demás a comprenderse y a solucionar sus problemas.
Eso reduce a la vida a una simple y a la vez compleja misión: buscar la comprensión propia de todos nuestros actos para poder controlarlos, entenderlos y ayudar a los demás a hacer lo mismo con sus vidas.

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