Sentarme frente a una hoja en blanco, casi siempre me genera un vacío el cual es muy difícil de sobrellevar, y me conlleva a la siguiente pregunta: “¿Qué escribir?, o mejor dicho “¿Sobre qué escribir?
Frecuentemente escucho la frase “Todo ya fue escrito”, o su alma mater: “Todo ya fue dicho”, a la cual respondo con un cierto espíritu sosegado y casi solemne, sin mencionar nada.
La verdad no tengo una postura tomada acerca de si todo fue escrito, o en su defecto, dicho.Me parece que todos tenemos algo para decir, ergo, algo distinto que mencionar.Lo cual nos lleva a la conclusión lógica de que no todo fue dicho, sino que esa línea del “Todo”, se corre con cada persona que impregna sus ideas en un papel.
Pensar en que todo ya fue dicho, nos deja con la idea de que todos somos iguales, y que nada nuevo puede surgir de la mente humana, que se alcanzo un límite cultural que no se puede superar, sino, en el mejor de los casos, transformar.
Pensar en que nada nuevo puede aparecer, que todo lo que aparentemente “Nuevo” es solamente una idea vieja reciclada y modernizada a los tiempos que corren, me deprimiría bastante, aunque no sé si esa sea la palabra correcta para definir lo que sentiría.Creo que más bien, sería una suerte de desilusión con respecto a la creatividad, no solo humana, sino al concepto de creatividad.
Si mi memoria no me falla, fue el genio literario, Jorge L. Borges, el que dijo que todo ya estaba escrito.No me siento capacitado ni mucho menos para contradecir al gigante de la escritura que acabo de mencionar, pero me gustaría sí, ponerme en la otra vereda de su pensamiento si se me permite.Y me tomo esta licencia para proponer el hecho de que esa afirmación sea ilógica.Digo esto porque: Primero, el hecho de “Todo”, es un concepto casi utópico, del cual los hombres no tenemos medida, segundo, nada es igual, la igualdad es una falacia, nada es igual a nada, y menos en el mundo sensible.Pero aunque pudiésemos escapar de este mundo sensible, y remontarnos a un mundo inteligible , en el cual sólo moran las ideas (y en el cual, según Platón, alguna vez nosotros también), tampoco encontraríamos la igualdad por ningún lado.
La igualdad es uno de esos conceptos que surgen por la necesidad de generar un opuesto, el cual contradiga, en este caso, a la “Desigualdad”, como pasa con miles de ejemplos los cuales no pienso citar.
Saliendo del tema de la igualdad, el cual creo que ya quedó explicado con claridad, me gustaría sumergirme en la falta de creatividad, que fue lo que me llevó a escribir lo que ahora usted está leyendo.
Me parece que la mayor condena para alguien que ama escribir como es mi caso, es la falta de creatividad, si es que a la creatividad se la puede medir, o considerar como un estado más que una aptitud la cual no falta, ni sobra.Para las personas demasiado puntillosas, podría decirse “La falta de inspiración”.
Últimamente la inspiración se usa como moneda corriente, al igual que la palabra amor, y muchas otras más.Pero la inspiración, tal y como yo la concibo, no es una palabra para utilizarla así como así, sin mucho sentido por detrás o argumentos que respalden su uso.No me gustaría caer en un dogma como el mandamiento que indica “No pronunciaras el nombre de Dios en vano”, pero me parece exasperante el hecho de que gente, que no tiene idea de lo que la “Inspiración” se trata, hable de ella, como si fuese algo cotidiano en sus tristes y grises vidas.
La inspiración es la alegría de la gente, o al menos, así debería serlo.Ella es la que hace que todos los días sean diferentes, es la que plantea la aleatoriedad en lo que hacemos, es la que cambia la manera de hacer las cosas, o elimina maneras que ya hemos usado, y nos fuerza, indefectiblemente a realizar cosas nuevas.
No conozco fuerza más grande que la inspiración, ya la palabra misma proviene del hecho de respirar, y qué otra cosa más asociada a la vida, que la respiración.Inspirar es recibir el aliento ¿El aliento de qué, o de quién?, no lo sé, ni tampoco me interesa en gran medida. La inspiración es inconsciente, lo cual nos permite observar lo que está muy dentro nuestro de nuestras mentes, y de lo cual, no estábamos ni enterados que existía.Inspirarse entonces, se convierte en el hecho más sublime que pueda conocerse, sentir que uno tiene algo adentro para expresar, una fuerza irrefrenable que nos conduce, inexorablemente, a decir (de la manera que sea) lo que sentimos, o lo que no sabíamos que sentíamos.
La inspiración, en el peor de los casos, es descubrir una nueva manera de expresar algo que pensábamos teníamos guardado.
Cuando uno se encuentra poseído por la hija predilecta de la Creatividad, o sea, la Inspiración, esa hoja en blanco, último refugio del vacío, queda reducida a un tamaño tan pequeño que a veces, no alcanza para volcar todo el río de ideas y pensamientos que se escapan de los márgenes de nuestra mente.
Pero así como la inspiración puede llevarnos a un estado de éxtasis, casi llegando al Nirvana, puede rebajarnos a la mayor profundidad de tristeza y angustia.Cuando ella se va, cuando queda algo inconcluso, o quizás, sin la posibilidad de continuarlo con la misma calidad que solo puede darse cuando se encuentra uno inspirado, se siente una sensación rara, la cual no se puede explicar con una sola palabra, sino con una multiplicidad de adjetivos, que en su conjunto, esbozan lo que significa perder en un segundo, la inspiración.Por eso considero prudente el hecho de abandonar, o al menos, aplazar, un proyecto cuando no está la creatividad flotando en el aire, a mi parecer, es mejor dejarlos por un tiempo, hasta que el mismo ímpetu, que llevo a empezarlo, nos impulse a terminarlo.
Como mi carga actual de inspiración está a punto de acabarse, voy a terminar esto, o al menos, dejarlo en stand by, hasta que algo que me pase, o que vea, o que sienta, me genere ganas de seguirlo, o mejor dicho, completarlo con cosas nuevas que antes no sabía, o que no creía saber.
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